Formación Gestalt: amor y dependencia

Mariangela Triarico nos ha transmitido, durante este fin de semana, una serie de ideas muy interesantes y prácticas para entender algo más las relaciones de pareja.
Hemos vivido una serie de experiencias que nos han conmovido a todos. A continuación dejo algunas anotaciones y os animo a que continuéis aportando más, ya sean del taller o de vuestra vida.
Amar y depender:
– Estar atento tanto a las propias necesidades como a las necesidades del otro.
– Ser consciente de la responsabilidad que cada uno tiene en la relación (50%).
– Saber que si existe esta relación es porque ambas personas se responsabilizan de ella.
– “Esta relación no existe sin mí y sin el otro”.
– “Es mi elección estar en esta relación”.

4 comentarios en “Formación Gestalt: amor y dependencia

  1. Alguna aportación más:
    – ¿Cómo nos sentimos cuando nos falta la persona amada?
    – Hacen falta un Yo y un Tú para hacer un Nosotros, para establecer una Relación. Aunque éste Nosotros no puede durar para siempre, tiene una duración limitada. De lo contrario no sería amor sino dependencia (insana).

  2. La cita que escribo a continuación la leyó Pedro Olmedo en octubre durante el taller que con belleza y preciso sentido llamó “Escuchando al silencio”. Su lectura me dejó con una curiosidad abierta, como si casi de pasada hubiera iuminado una hermosa y sorprendente estancia, apenas vislumbrada, a la que quise volver y lo hice leyendo el libro del que estaba extraida:”Moby Dick”.
    El libro me acompañó durante las semanas siguientes y con él surqué oceanos, conocí las técnicas ancestrales de la caza y el corte de la ballena, a la vez fascinado por la aventura y a la espera de arribar en sus páginas a una isla remota de conocimiento que, pese a lo lejano en el espacio y el tiempo que había sido escrita, concernía directamente a mi vida. A mi vida aqui-y-ahora.

    “La cuerda del mono” (Extracto del capitulo XXXVIII de Moby Dyck. Herman Melville.)

    “Siendo yo segundo remero de Queequeg, era mi deber ayudarle mientras andaba él por encima del cadáver del cetáceo.Habrán visto mis lectores a más de un organillero que lleva sujeto su mono con una cuerda larga, que le permite bailar.De la misma manera sujetaba yo a Queequeg desde la cubierta, por medio de lo que llaman en la profesión una “cuerda de mono”, que iba atada a una fuerte tira de lona que mi amigo llevaba a la cintura como un cinturón.
    Era una tarea humorísticamente peligrosa para los dos.La cuerda de mono iba sujeta por las dos extremidades:por una al ancho cinturón de lona de Queequeg y por la otra a la estrecha correa que llevaba yo.De forma, que para bien o para mal, los dos estabamos unidos de momento y, si el pobre Queequeg se hundiera para no volver a salir más, la costumbre exigía que, en lugar de cortar la cuerda, ésta me arrastrara tras él.
    Mientras contemplaba lo que él hacía, me di cuenta de que mi propia individualidad se hallaba ahora fusionada en una compañía de dos y que la desgracia o la equivocación de otro pudiera arrastrarme a mi, inocente por completo, a la muerte.Y pensando aún más, mientras le sacaba de vez en cuando de un tirón de entre la ballena y el barco, comprendí que aquella situación mía era la misma de todo ser humano.Si vuestro banquero da en quiebra, quedáis hecho cisco;si vuestro farmaceútico, por error, os envía veneno, morís.Podeis decir que, ejerciendo con cuidado sumo, es posible que os libréis de estos peligros.Pero, por cuidadosamente que manejara yo la cuerda de Queequeg, le daba él a vaces tales tirones, que poco faltaba para resbalar yo e irme por la borda.Tampoco me era posible olvidar que, hiciera lo que hiciese, yo solo disponía de una de las extremidades.”
    Han pasado meses desde que acabé aquel viaje escrito. Ahora lo vuelvo a releer escribiéndolo aquí, compartiéndolo con vosotros a propósito del último taller sobre “Amor y dependencia”.Sus palabras, lo que me dicen sobre mi condición, sobre mi propia vida, me parece que hubieran sido escritas hace muchos años exactamente para mi.

  3. Este recorte también me impactó a mí, Rafa, lo he tenido presente y lo he releido (lo encontré en internet) para sacarle todo el jugo.
    Es un riesgo, para mí, vivir relaciones de este tipo. Aunque, a veces, no quede más remedio… Sentir y saber que tu bienestar depende del bienestar de otra persona y viceversa, me parece un lastre. He aprendido que nadie es imprescindible. Aunque, en momentos, la vida nos hace vivir experiencias de este tipo y, resultan muy gratas. En definitiva para mí, todo es cuestión de la relatividad con que se mire y del tiempo que se mantenga esta “cuerda de mono”. Puede que estas palabras sólo te den a entender lo mucho que he caminado sola, por propia determinación o porque la vida me ha obligado a ello. Pero, ahora, al descubrir las posibilidades que me ofrece el entorno, confio en que siempre tendré “un suelo” bajo mis pies. Un suelo sobre el que me sostengo con firmeza, equilibrio y sobre el que avanzo.

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