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TDAH: ¿qué es? ¿un trastorno biológico o psicosocial?

¿Qué es el TDAH?

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, conocido por sus siglas TDAH, es un trastorno caracterizado por: déficit de atención, hiperactividad y/o impulsividad. Para poder diagnosticar de TDAH a un niño deben cumplirse los siguientes criterios según el DSM5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos mentales):

  • Detectarse antes de cumplir los 12 años.
  • Los síntomas se presentan de manera constante durante más de 6 meses seguidos.
  • Debe afectar a los diferentes ámbitos del niño: casa, colegio y/o compañeros.

Los síntomas principales del TDAH (déficit de atención, hiperactividad e impulsividad) pueden presentarse de manera independiente. Según el predominio de alguno de éstos sobre los otros, se puede describir tres subtipos de TDAH según el DSM5:

  1. Subtipo combinado: predominan los tres síntomas y suele ser el que se presenta con más frecuencia. Afecta al rendimiento global del sujeto.
  2. Déficit de atención: se caracteriza por la dificultad para realizar actividades que requieren de una atención sostenida. Es más predominante entre las niñas y supone una dificultad para el rendimiento académico.
  3. Subtipo impulsivo: predomina la hiperactividad e impulsividad. A estas personas les cuesta inhibir sus impulsos, por lo que rápidamente cambian de una actividad a otra. Se presenta con más frecuencia en los niños.

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Causas del TDAH

Las causas del TDAH son aún confusas actualmente, a pesar de su alta prevalencia entre la población, ya que es un trastorno complejo y de factores heterogéneos. La explicación más extendida y aceptada entre los profesionales es la de que se trata de un trastorno neurobiológico que está condicionado por factores genéticos y factores ambientales.

Factores biológicos

Según diferentes estudios realizados, las personas con antecedentes de familiares cercanos biológicos que han tenido TDAH,  tienen una mayor probabilidad de presentar el trastorno, al igual que los estudios realizados con los hermanos gemelos que tienen una mayor probabilidad de presentar el TDAH si alguno de los hermanos lo padecen. Estos condicionantes genéticos tienen sus efectos a nivel de núcleos y estructuras cerebrales, y de neurotransmisores. En general, estos estudios apoyan el importante papel que juega la genética en la transmisión y presentación del TDAH.

Factores ambientales

Los factores de riesgo ambientales a padecer el TDAH, suceden principalmente durante el embarazo (consumo de drogas como la heroína, el alcohol, el tabaco o la cocaína), el parto (nacimiento prematuro, falta de oxígeno a nivel cerebral) y el posparto (bajo peso al nacer, traumatismo craneoencefálico, infecciones del sistema nervioso central)

Factores psicosociales

Los factores psicosociales se corresponden con los factores contextuales que rodean al niño, como el estrés, conflictos familiares, trastornos psicopatológicos de los padres, estilos educativos disfuncionales, falta de recursos para la crianza del hijo, etc. Los expertos no consideran estos factores como decisivos en la aparición del trastorno, aunque desempeñan  un papel muy importante en la modulación e intervención del TDAH.

¿Es un trastorno biológico o psicosocial?

Ha habido una larga controversia sobre la existencia del TDAH como un trastorno de base orgánica o como un problema de origen psicosocal. Desde la perspectiva más biológica se defiende las pruebas halladas en las investigaciones con padres y hermanos gemelos, y los efectos de diferentes tóxicos a nivel neuronal y genético. La heredabilidad del trastorno en la infancia en gemelos es del 70-80% y los hijos cuyos padres padecen TDAH tienen un riesgo 7 veces mayor que los hijos de familiares sin TDAH.

En muchas ocasiones se cataloga a niños de ‘’rebeldes’’,  ‘’caso perdido’’, ‘’idiota’’ en el colegio o directamente se ha culpado a la crianza de los padres. Estas personas que no han sido diagnosticadas necesitan comprender la causa de sus problemas y la aceptación de su entorno de que tiene un trastorno biológico que le hace tener dificultades para controlar sus impulsos o su atención. El diagnóstico, en este caso, puede facilitar la comprensión para la propia persona y para los padres que han sido catalogados como malos padres, y para la puesta en marcha de un tratamiento adecuado y adaptado a la persona. Sin embargo, existen casos que han sido diagnosticados de TDAH erróneamente, ya que el problema del individuo residía en una causa no orgánica.

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Algunos profesionales cuestionan el síntoma de déficit de atención como un síntoma válido para detectar el trastorno, ya que, muchos de los sujetos con TDAH pueden pasarse periodos de tiempo extensos realizando actividades que les gustan, como jugar con la consola, que captan toda su atención, por lo que ésta, no está afectada ni ausente. Se estaría hablando más bien de un déficit motivacional más que atencional. También cuestionan la patologización de la inquietud característica de un niño que quiere divertirse. Esta inquietud se ve enfrentada con las reglas que deben seguir en el colegio: estarse quieto, no distraerse y atender a lecciones que no les resultan en muchas ocasiones nada interesantes, estando rodeados de otros niños con los que jugar. Estas conductas típicas de estas edades, ser un niño, se han visto condenadas como un trastorno. La falta de comprensión del niño lleva a que las expresiones de conflictos internos en el entorno inmediato que se manifiestan como distracción, agresividad y/o inquietud propia del malestar, se puedan ver etiquetadas como un trastorno.

El profesional tiene la responsabilidad del futuro del niño/niña, es por ello, importante que identifique las etiquetas adjudicadas que solo sirven para desvalorizar y atender a las influencias de los diversos ámbitos de la vida de la persona.

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Redactado por Ana Pérez Jiménez (alumna de prácticas de la UGR de psicología)

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